Era un día caluroso en la ciudad, de esos en los que no es buena idea almorzar lejos del ambiente laboral. A saber: el horrible tránsito, congestionado por los padres de familia encargados del transporte público, y un despiadado sol no hacen buena mezcla. – Mejor almuerzo aquí en el trabajo… así adelanto un par de cosas que tengo pendiente – pensó María.
Por aquellos días había mucha tensión en su trabajo. Los superiores exigían buenas ideas; querían que ella y su equipo presentaran alguna propuesta creativa pues el aniversario de la compañía estaba cerca. Necesitaban una conmemoración a la altura del conflicto, 63 años de excelencia resumidos en un acto original…único.
Al bajar a la cafetería vio a sus amigas sentadas en una mesa al fondo. Ella solo quería paz y tranquilidad para pensar, así que se sirvió su comida y, haciéndose la loca, se sentó en la primera mesa desocupada que encontró. Pero nadie se salva de Elizabeth, experta en aparecer en los más inoportunos.
– ¡María! ¡Qué bueno que te encuentro! quería saber si puedo usar tu impresora para una tarea que le pusieron a Sofía... en mi departamento ya ni eso me permiten hacer… ¡Dos páginas! ¡Solo dos páginas! Ni eso puedo hacer – María respondió que no había problema, que se lo enviara al email personal y ella resolvía. Al igual que Elizabeth, ella también tenía una hija en segundo de primaria; sabia el sacrificio de ser madre y trabajar horarios extendidos, sin poder estar ahí con ellos cuando más te necesitan.
Tan pronto llegó a su escritorio revisó su correo personal y encontró el documento titulado: “Los valores”. – jmmm, interesante – pensó. La tarea de Sofía consistía en nombrar unos cuantos valores y hablar un poco sobre cada uno de ellos. – ¡EUREKA! – dijo en voz alta. La idea: podríamos hacer un concurso sobre los valores que nos destacan, que demuestre por qué somos excelentes en lo que hacemos.
Se dirigió rápidamente al despacho de su jefe inmediato, Raúl. –Muy bien María, excelente idea… ¿ya tienes en mente algún formato para el concurso? – Ella no quería decirle su idea completa a Raúl en ese momento, quería plantearlo en una reunión con el director. Sabía que si le decía todo era capaz de no darle ningún crédito a ella. –Vamos a convocar una reunión de equipo a ver si todos están de acuerdo- dijo María.
Reunido el equipo completo, María procedió con su idea: – No podemos hacer otro concurso de fotografía. No podemos hacer otro concurso con los hijos de los empleados. Hagamos un concurso entre los empleados, en el que escriban una historia sobre algún valor. De esa forma resaltamos esos valores que nos hacen ser número uno… y quién sabe, podríamos tener un Mario Vargas Llosa entre nosotros y no saberlo. –
El director, que no era famoso por tener buen humor, dejó ver una sonrisa de alivio. –Me tenía preocupado que no encontráramos algo interesante para el aniversario, muy bien pensado María.–
El director, que no era famoso por tener buen humor, dejó ver una sonrisa de alivio. –Me tenía preocupado que no encontráramos algo interesante para el aniversario, muy bien pensado María.–
La idea estaba aprobada. Solo necesitaban detalles técnicos como las bases del concurso, jurado y premiación.
Continuará…